San Felipe Orizatlán, Hgo.- El primer día de carnaval terminó convertido en un escenario de caos. Lejos de un ambiente familiar y festivo, la violencia y el abuso del alcohol tomaron por completo el control de la jornada, dejando ver la nula capacidad de las autoridades para prevenir y contener los disturbios.
Durante el domingo se registraron múltiples peleas entre asistentes; únicamente una de ellas fue controlada por la Policía Municipal, mientras que el resto se desarrolló sin intervención efectiva, exponiendo a niños, mujeres y familias completas a un ambiente de riesgo absoluto.
Los hechos se agravaron al caer la tarde. Las riñas se trasladaron a la explanada de la presidencia municipal, donde el desorden alcanzó tal magnitud que las autoridades no tuvieron otra opción más que apagar la música y desalojar a todos los presentes alrededor de las 19:00 horas. La escena fue descrita por testigos como un “fracaso total” en materia de organización y seguridad.
La decisión, aunque urgente, provocó la furia de asistentes y comerciantes. Para estos últimos, el cierre anticipado representó un golpe directo a su economía, impidiéndoles recuperar lo invertido y truncando una tradición donde el sonido permanecía activo hasta entrada la noche para permitir que la fiesta continuara.
Lo sucedido evidencia una problemática creciente: la falta de control, la permisividad hacia el consumo excesivo de alcohol y la ausencia de operativos preventivos que garanticen un carnaval seguro. Para muchos habitantes, este desorden no solo empaña la celebración, sino que demuestra que la violencia está desplazando una de las festividades más importantes del municipio.
La ciudadanía exige acciones reales y no solo apagones de música cuando la situación ya se salió de control.






